Eres sensualidad mental, una figura insinuante. Sabes bien que tu presencia pisa fuerte, pero suave.
Te muestras decidid@, convencid@ y segur@ del confort, de tus ganas de brillar. No piensas en tu estatus, ni en el dinero que posees, ni a lo que aspiras; solo disfrutas el momento.
Te mueves entre superfluos obsoletos, surrealistas, ambiciosos, con sed y hambre. Ansías moverte entre filosofía, ciencia, urbanitas y campesinos que te muestren los transfondos de su arte, su historia, su universo. Quieres empaparte de supremacía espiritual y terrenal.

( Imagen IA)
La fiesta solo acaba de comenzar y simplemente estás, disfrutando de tu presencia. ¿Quién te ha invitado? Si no está, no importa: estás tú y tu entorno. Se acercan a preguntarte y respondes con la sonrisa de quien reconoce a un ser humano. No esperas nada y das lo mejor que puedes. Pero el silencio hace que digas más de lo que te gustaría.
No pasa nada si crees que fallas: habrá momentos para ser compasiv@ contigo mism@. Y mientras el tiempo avanza, descubres que no estás para impresionar, sino para permitirte ser.
Te escuchas sin prisa y entiendes que tu valor no depende de miradas ajenas, sino de tu propia presencia.
María M
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