Todo comenzó… en un mundo de fantasía donde solo yo sé lo que me puedo encontrar. Intuyo que algo sucede y me pregunto si de verdad me conozco. Y así, en este instante, empiezo a pisar la realidad; una historia que, en realidad, ya había empezado hace tiempo.
Entre las tinieblas del bosque, los árboles se adivinan gracias a la luz de la Luna; y el viento, al mover las hojas y agitar las ramas, revela el camino antes incluso de verlo. A pesar de todo, algo te dice que estás en tu propio mundo: lejos de la realidad, y más real que nunca.
Sabes que debes seguir caminando, aunque no tengas claro hacia dónde te lleva el sendero. Solo sientes, con una certeza tranquila, que estarás protegida.
De repente, una sensación te recorre la espalda: empiezas a notar miradas posadas en ti. Ojos que te observan desde cada rincón.
No, no estabas sola.
Ocultas entre sombras, sin mostrarse del todo pero siguiéndote con la mirada, las criaturas del bosque te contemplan en silencio. No sabes qué piensan, ni si esperan algo de ti… pero lo mejor es avanzar sin detenerte.
Más adelante aparece una llanura. Parece un buen lugar para descansar: está oscuro, y caminar de día será más fácil. Necesitarás estar con fuerzas.
Pero hace frío, se oyen ruidos, el viento susurra con fuerza y la luz de la luna no ayuda a conciliar un sueño profundo. Quizá sea mejor buscar otro sitio… o seguir caminando, hasta que el movimiento te caliente.
El cansancio pesa, pero el cielo empieza a aclarar. Los pájaros madrugadores cantan, el silencio nocturno del bosque se adormece y da paso al rocío, que deja en las hojas el cáliz de la noche: agua pura y cristalina. Qué bien sabe, qué bien sienta.
Con la llegada del día, se aprecian las zarzas cargadas de moras, bien lavadas por el rocío: un manjar perfecto para desayunar. Los primeros rayos del sol calientan tu cuerpo entumecido, y con algo en el estómago empiezas a saborear el lugar donde te encuentras: un bosque, un campo, llanuras, árboles, zarzas, almendros…
Es hora de usar tus artimañas para cazar y obtener proteínas. Todo es espontáneo, sí, pero también parte de la supervivencia. Si sigues, si descansas, si cazas o no… cada decisión y cada acontecimiento puede cambiar el rumbo de tu historia, paso a paso...
Y, al final, al mirar todo lo recorrido, solo queda comprenderlo: Así es la vida.
Maria M

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